
Hace apenas un año, Washington amenazaba con aranceles del 145% sobre las importaciones chinas. El 24 de julio de 2026, la cifra real que Estados Unidos aplicó a China fue del 12,5%. Ese contraste, por sí solo, resume mejor que cualquier discurso el estado actual de la rivalidad entre las dos mayores economías del mundo: mucho ruido, mucha negociación, y un resultado final bastante más moderado de lo que los titulares de cada momento hacían prever.
Esto no significa que la tensión haya desaparecido — solo que ha cambiado de forma. Y entender cómo, importa para cualquiera que invierta, compre productos importados o trabaje en un sector expuesto al comercio internacional.
Lo que acaba de pasar (y por qué es distinto a rondas anteriores)
El 24 de julio de 2026, Estados Unidos aplicó nuevos aranceles de entre el 10% y el 12,5% a unos 60 países, incluyendo China, Japón, India y la Unión Europea, justificados oficialmente por presuntas prácticas de trabajo forzoso. China respondió con un comunicado de protesta pero sin represalias inmediatas — una reacción mucho más contenida que en rondas anteriores del conflicto.
Hay una razón estructural para ese cambio de tono. En febrero de 2026, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que los aranceles globales indiscriminados que Trump había impuesto amparándose en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) eran inconstitucionales, ya que solo el Congreso puede aprobar medidas de ese tipo. Eso obligó a la administración a rediseñar su estrategia arancelaria apoyándose en otras herramientas legales —las secciones 301 y 232 de la legislación comercial estadounidense—, que son más difíciles de revertir pero también más lentas y limitadas en su alcance.
El resultado, según cálculos de la firma financiera china Guojin Securities, es que el arancel medio ponderado sobre los productos chinos se sitúa ahora en torno al 23,1%, muy por debajo de las cifras que se llegaron a amenazar en 2025 y también por debajo del arancel promedio que actualmente soportan Brasil o Canadá.
De la amenaza al acuerdo: la escalada de los últimos 18 meses
| Momento | Arancel aplicado a China |
|---|---|
| Abril 2025 | Hasta 145% (amenaza), respondida por China con hasta 125% |
| Junio 2025 | Acuerdo de Londres: se fija en 55% |
| Noviembre 2025 | Reunión Xi-Trump; China extiende exenciones arancelarias hasta el 31 de diciembre de 2026 |
| Febrero 2026 | El Tribunal Supremo de EE. UU. anula los aranceles IEEPA por inconstitucionales |
| Julio 2026 | Nuevo arancel sustitutivo: 12,5% (arancel medio ponderado real: 23,1%) |
Fuente: France 24, La Nación, China Briefing.
Esta tabla, a diferencia de una lista genérica de «tensiones», muestra algo concreto: la trayectoria real de un conflicto que se ha ido moderando en cada ronda de negociación, algo que rara vez se refleja en la cobertura mediática del día a día.
Quién es realmente más grande: depende de cómo se mida
Aquí está uno de los datos que más suele confundirse en este tema. Según cifras recientes basadas en proyecciones del FMI, en términos de PIB nominal Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, la mayor economía del mundo: unos 32,4 billones de dólares en 2026, equivalentes al 25,6% de toda la producción mundial. China, en cambio, se sitúa en torno a los 20,8 billones de dólares nominales para ese mismo año.
Pero si la comparación se hace ajustando por paridad de poder adquisitivo (PPA) —es decir, cuánto puede comprarse realmente con esa producción dentro de cada país—, el orden se invierte: China lidera con unos 33,6 billones de dólares frente a los 25,7 billones de Estados Unidos. Ninguna de las dos cifras es «la mentira» y la otra «la verdad» — miden cosas distintas, y ambas explican por qué cada país puede reclamar, con datos reales, ser la «economía más grande del mundo» según el criterio que elija.
Entre las cuatro mayores economías del planeta —Estados Unidos, China, Alemania y Japón— se concentra ya cerca del 49,9% de todo el PIB mundial, lo que da una idea de lo determinante que resulta cualquier decisión que tomen estos países para el resto de la economía global.
Semiconductores e IA: la batalla que no se negocia en la mesa arancelaria
Mientras los aranceles se negocian y se moderan, hay un terreno donde la competencia no da tregua: los semiconductores y la inteligencia artificial. A diferencia de los aranceles —que suben y bajan según la mesa de negociación del momento—, las restricciones a la exportación de chips avanzados y equipos de fabricación de semiconductores han seguido una tendencia mucho más constante hacia el endurecimiento en los últimos años, con Washington limitando el acceso de China a la tecnología más puntera y Pekín respondiendo con restricciones a la exportación de tierras raras, un insumo crítico para buena parte de la industria tecnológica global.
Esta es la parte del conflicto que probablemente importe más a largo plazo: mientras los aranceles afectan sobre todo al precio de bienes de consumo, el control sobre quién fabrica los chips más avanzados y quién lidera el desarrollo de inteligencia artificial condiciona la competitividad tecnológica de ambos países durante las próximas décadas.
Qué significa esto en la práctica
Para una empresa, un inversor o un consumidor, el patrón que se repite en estos 18 meses es más útil que cualquier titular aislado: las amenazas arancelarias iniciales suelen ser mucho más altas que el resultado final negociado, la vía legal para imponerlas se ha vuelto más restringida tras el fallo del Tribunal Supremo, y ambos países mantienen canales de diálogo activos —incluyendo conversaciones sobre una posible reducción arancelaria recíproca de unos 30.000 millones de dólares— incluso mientras anuncian nuevas medidas de presión.
Esto no elimina el riesgo de que la situación se agrave de nuevo — la investigación estadounidense en curso sobre presunto exceso de capacidad en el sector manufacturero chino podría derivar en otra subida arancelaria—, pero sí sugiere que el patrón dominante hasta ahora ha sido de escalada seguida de negociación, no de ruptura total.
Balance de poder: ni un ganador claro ni un empate real
Ninguna de las dos economías está «ganando» de forma absoluta esta rivalidad, pero tampoco están en un empate simétrico: cada una domina terrenos distintos. Estados Unidos mantiene la delantera en PIB nominal, en el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial más avanzados y en la profundidad de sus mercados financieros, con el dólar como eje del sistema financiero global. China, por su parte, ya es la mayor economía del mundo en términos de poder adquisitivo real, controla partes críticas de la cadena de suministro de tierras raras y sigue invirtiendo con fuerza en manufactura avanzada y vehículos eléctricos.
El resultado más probable, a la vista de los datos de 2026, no es que una potencia sustituya a la otra, sino que ambas sigan profundamente interconectadas —y en tensión negociada permanente— durante los próximos años, con episodios de escalada arancelaria que se moderan una y otra vez en la mesa de negociación, mientras la competencia tecnológica de fondo continúa sin pausa.
Fuentes: France 24, La Nación, Bloomberg Línea, China Briefing, El Financiero, Focus Economics, Statista, Bamwor (proyecciones FMI).