Monedas digitales de bancos centrales: quién avanza, quién ha frenado y quién las ha prohibido directamente

Hace apenas un año, hablar del futuro del dinero digital emitido por bancos centrales era una conversación sobre posibilidades futuras y pilotos técnicos. A cierre de 2025, esa conversación se ha vuelto mucho más concreta —y mucho más dispar entre países—: Estados Unidos las ha prohibido por ley, Brasil ha frenado su proyecto insignia tras cuatro años de pruebas, China ya mueve más de 2 billones de dólares al año a través del suyo, y Europa acaba de dar un paso oficial hacia el euro digital con fecha objetivo de emisión.

Repasar estos cuatro casos por separado es mucho más revelador que hablar de las CBDC como una tendencia global uniforme, porque en la práctica cada gran potencia está tomando una decisión radicalmente distinta.

Estados Unidos: la única gran economía que las ha prohibido por decreto

El giro más drástico de todo el panorama ocurrió el 23 de enero de 2025, cuando Donald Trump firmó la orden ejecutiva «Fortalecimiento del liderazgo de Estados Unidos en tecnología financiera digital», que prohíbe expresamente a cualquier agencia federal «establecer, emitir, circular o promover» una moneda digital de banco central, tanto propia como extranjera dentro de la jurisdicción estadounidense. La orden no solo detuvo cualquier trabajo exploratorio que la Reserva Federal llevaba adelante desde 2022, sino que además revocó la orden ejecutiva de la administración anterior que había impulsado esa investigación.

Según el think tank Atlantic Council, esto convierte a Estados Unidos en la única gran economía del mundo que ha adoptado una postura de prohibición formal, mientras 134 países —el 98% de la economía mundial— siguen explorando algún tipo de moneda digital oficial. La justificación de la Casa Blanca se ha centrado en la privacidad financiera y la soberanía del dólar, en paralelo a un impulso decidido hacia la regulación de stablecoins privadas respaldadas por dólares, que la administración considera la vía preferible para mantener la relevancia del dólar en las finanzas digitales.

Brasil: el proyecto que mejor ejemplifica lo difícil que es llevar esto a la práctica

El Drex, el proyecto de real digital del Banco Central de Brasil, es probablemente el caso más instructivo de 2025. Tras cuatro años de pruebas, el propio Banco Central decidió pausar su plan piloto el 10 de noviembre de 2025, citando problemas no resueltos de privacidad y los elevados costes de mantenimiento de la infraestructura blockchain sobre la que se apoyaba. Según recoge Infobae, el banco no ha cancelado el proyecto, pero sí ha reformulado por completo su enfoque: en lugar de partir de la tecnología y buscarle usos después, ahora quiere identificar primero casos de uso concretos —integración con Open Finance, con el sistema de pagos instantáneos Pix, con inversiones— antes de decidir qué infraestructura tecnológica emplear.

Este es un matiz que rara vez aparece en los artículos más entusiastas sobre CBDC: no basta con tener el respaldo de un banco central y años de pruebas técnicas para que un proyecto llegue a buen puerto. Los mismos problemas de privacidad y complejidad técnica que preocupan a los críticos de estas monedas han sido, en el caso brasileño, motivo suficiente para frenar en seco un desarrollo ya avanzado.

China: el proyecto más grande del mundo, ahora con intereses

En el extremo opuesto se encuentra el yuan digital (e-CNY), que según el Atlantic Council había procesado más de 3.400 millones de transacciones por un valor aproximado de 16,7 billones de yuanes —unos 2,3 billones de dólares— hasta diciembre de 2025, consolidándose como el piloto de moneda digital de banco central más grande del mundo por volumen. A diferencia de Estados Unidos y Brasil, China no solo mantiene el rumbo, sino que lo está acelerando: distintas fuentes del sector apuntan a que el Banco Popular de China está evolucionando el e-CNY de un simple «efectivo digital» hacia un instrumento con funciones adicionales, como depósitos remunerados, en la línea de lo que sería una herramienta de política monetaria mucho más completa que un simple medio de pago.

Europa: la decisión más importante hasta ahora, con calendario concreto

El 30 de octubre de 2025, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo decidió pasar a la siguiente fase del proyecto del euro digital, tras concluir con éxito la fase de preparación iniciada en noviembre de 2023. Esto no es todavía una decisión de emitirlo —esa decisión final llegará después de que se apruebe la legislación europea correspondiente—, pero el propio BCE ya ha puesto fechas orientativas sobre la mesa: si la normativa se aprueba en 2026, podría haber un ejercicio piloto a partir de mediados de 2027, con el objetivo de que todo el Eurosistema esté preparado para una posible primera emisión en 2029.

El BCE ha calculado que el coste de inversión para la banca europea rondaría entre 1.000 y 1.440 millones de euros anuales durante cuatro años — significativamente inferior a lo que costó implementar el sistema SEPA de pagos, según ha señalado la propia institución.

Lo que separa a estos cuatro casos, en una tabla

RegiónEstado a cierre de 2025Próximo hito
Estados UnidosProhibida por orden ejecutiva desde enero de 2025Ninguno previsto; foco en stablecoins privadas
Brasil (Drex)Piloto pausado el 10 de noviembre de 2025Redefinición de casos de uso antes de retomar
China (e-CNY)En funcionamiento pleno, mayor volumen del mundoEvolución hacia depósitos remunerados
Zona euroFase de preparación concluida, próxima fase iniciadaLegislación en 2026, piloto en 2027, posible emisión en 2029

El debate de fondo no ha cambiado, aunque los proyectos sí

La tensión entre comodidad y privacidad que plantea cualquier CBDC sigue siendo la misma que hace un par de años, pero los casos de 2025 le añaden matices reales: la prohibición estadounidense se apoya explícitamente en el argumento de que una moneda digital de banco central daría al Estado una capacidad de vigilancia financiera excesiva, mientras que el parón de Brasil confirma que ese mismo problema de privacidad —no resuelto técnicamente— puede detener un proyecto ya en fase avanzada, incluso sin una prohibición política de por medio. China, por su parte, no oculta que su versión del yuan digital sirve también como herramienta de supervisión del flujo de capitales, algo que sus propios responsables presentan como una ventaja de control monetario, no como un problema.

Por qué esta divergencia importa más que cualquier previsión genérica

A mi juicio, lo más relevante del panorama de cierre de 2025 no es ninguna previsión sobre «hacia dónde va el dinero digital», sino la confirmación de que no existe un único camino: cada gran potencia está resolviendo el mismo dilema —eficiencia frente a privacidad, innovación frente a control— de una forma radicalmente distinta, en función de su propio sistema de valores políticos y económicos. Esto sugiere que, más que una convergencia global hacia un modelo único de dinero digital estatal, lo que veremos en los próximos años es una fragmentación cada vez mayor entre bloques con filosofías monetarias opuestas — con Estados Unidos apostando por las stablecoins privadas, China consolidando el control estatal, y Europa buscando un término medio con calendario propio.

Lo que queda por decidirse

Ninguno de estos cuatro caminos está cerrado del todo: Brasil podría retomar el Drex con un enfoque distinto, la legislación europea del euro digital todavía tiene que superar el proceso legislativo completo, y no puede descartarse que una futura administración estadounidense revierta la prohibición actual, como ya ocurrió con la orden ejecutiva anterior que Trump derogó. Lo único que parece asentado, con los datos de 2025 sobre la mesa, es que el dinero digital de banco central ha dejado de ser una pregunta técnica sobre si es posible, para convertirse en una pregunta política sobre qué modelo de sociedad quiere construir cada país con él.

Fuentes: Atlantic Council (CBDC Tracker), Banco Central Europeo, Infobae, Gate.io, El Debate, OKDiario.

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